martes, 30 de enero de 2007

El Testimonio como elemento de la memoria y de la historia.

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Lucrecia Brito V.


Podemos aseverar que el testimonio es un género literario que se desarrolla desde la tradición del relato oral, y se perpetúa a través del contar hechos o ideas significativas para una cultura o pueblo determinado. Desgraciadamente, muchos de ellos se pierden con la inexistencia de la escritura, ya que en esas remotas épocas, no se contaba con los instrumentos audiovisuales que tenemos en la actualidad. Los hechos o ideas significativas van conformando la identidad de los pueblos. De allí que las altas culturas, o culturas en una fase de desarrollo superior, se hayan preocupado de la transmisión de estos relatos orales por intermedio de diversas expresiones culturales de la época: Teatro, música, baile, tejidos, pintura y cerámica. Un ejemplo cercano y actual es la fiestas del Inti Raimy, que proviene de la cultura Incaica o si analizamos los dibujos o decoraciones de la cerámica o calabazas de las etnias quechuo-aymara. En otro continente, podemos situar obras señeras como la Antología Platónica sobre el juicio y muerte de Sócrates o los mismos Evangelios.

En la cultura griega, Koinè, el que testifica, significa martir. Ellos se refieren a hechos de una enorme gravitación para la humanidad, que provocan una gran conmoción en el ánimo del testigo, lo que se aprecia en la fuerza dramática, o en el efecto de la revelación sobre la fe o la ideología de quien contempla y comunica su mensaje. Según Jaime Concha, tal vez el testimonio más profundo y poderoso de la Antigüedad sea el Libro de la revelación, el Apocalipsis que cierra la Biblia y que se convertirá en el instrumento de utopía para los revolucionarios pre-modernos.

No nos extenderemos en el detalle de los innumerables ejemplos literarios que ejemplifican este atestiguar en épocas de gran conmoción de nuestra historia, puesto que no es el tema que nos convoca. Tan solo es necesario enmarcar el contexto que rodea este género que implícitamente relata hechos importantes, denuncia atropellos y sufrimientos de los pueblos. Por esta razón, a veces, las culturas dominantes han estigmatizado esta corriente de menor y antiestética porque ella revela hechos que no son de su interés sociocultural.


Diversas Formas De Testimonio


Existen diversas formas de testimonios. Tenemos el personal o individual, que rememorará sucesos en los cuales la persona que relata fue partícipe. Existe también el de terceros, que cuenta hechos vividos por otros pero que, la persona narra basándose en testimonios, archivos y-o fuentes iconográficas y finalmente tenemos el colectivo, que es el desarrollado por un grupo de personas que se refieren a un acontecimiento, idea, creencia o personaje común. Por supuesto, puede existir una mezcla de todos ellos. El relato de vida, la encuesta, la autobiografía y los documentales forman parte de este tipo de producción.




El Testimonio Para Nuestros Fines


Siempre existe un propósito u objetivo en el testimonio, que puede ir desde el simple hecho de querer comunicar con diversos fines, hasta el de desahogarnos para lograr un equilibrio personal. Desde el punto de vista de género, es el femenino quien lo ha desarrollado mayormente, puesto que, razones socioculturales lo han determinado. Así en una sociedad tempranamente patriarcal la mujer ha sido la depositaria de las tradiciones, y de la transmisión oral, a su vez. por falta de acceso a la cultura establecida a desarrollado el género que fue considerado como menor. Como parte de esta expresión, tenemos el estilo epistolar, que la hacen relatar acontecimientos en primera persona a través de cartas o diarios de vida. Por lo mismo, el género masculino es más reticente a esta práctica que lo implica en una narración de este tipo, la que por razones educacionales le ha sido implícita o explícitamente vedada.

Todas las sociedades de clase han desarrollado una cultura dominante, siendo la norma establecida la que determina la interpretación de los hechos históricos. Entonces, el testimonio, al salirse de este contexto, puede proporcionar otras fuentes e interpretaciones que se opongan a ella.
Con el propósito de ser objetivos, debemos siempre contextualizar los nuestros.y tener claros el propósito de rescatar la memoria histórica con el fin de promover el respeto de los Derechos Humanos.

Sin embargo, las fuentes de la oralidad, son un elemento inicial en la reflexión para muchos historiadores (María Clara Medina, 2006), abriéndose, de esta manera, un campo para nuevas preocupaciones epistemológicas. Si bien no existe una normativa, en la práctica se ha ido consolidando un canon de identificación y presentación de los documentos orales en su versión escrita, siendo la temática de lo popular la elección para la problemática común.

Si bien el historiador al trabajar con documentos convencionales, no ha participado en la creación de estas fuentes, en el caso del documento oral ,el investigador interactúa, siendo una creación o sea una construcción deliberada del investigador. Sin embargo en este trabajo en el que se discute la posibilidad metodológica de utilizar documentos de “segunda mano” o sea realizado por otros, se concluye que es factible:


“Esto supone la aceptación de diferentes premisas: implica aceptar el carácter “artificial” (deliberado) de las fuentes orales (Meyer 1998:134); que los corpus orales “individuales” pueden tener lectores sociales diferentes; que las fuentes orales deben contener en sí elementos identificatorios propios, que no son imprescindibles en las fuentes convencionales; y que, al ser producto deliberado, el documento oral está inevitablemente orientado temáticamente” (María Clara Medina,pag.3),

El documento oral nace cuando el encuestador lo hace y lo registra en un soporte audio o audiovisual, desde allí se producen cuatro mediaciones: (María Clara Medina, 2006),

1. La mediación del proceso de grabación
2. La mediación de la transcripción
3. La mediación de la publicación
4. La mediación de la recepción

La Metodología

Los historiadores en general recurrirán a la versión escrita, pero en el aula, para desencadenar la reflexión podemos utilizar documentos auténticos que actuarán como soporte empírico en los contenidos que estamos desarrollando, en este caso en el tema de derechos humanos.

También podemos ir a terreno y vincularnos con las corporaciones tales como Villa Grimaldi, José Domingo Cañas, Londres 38. El Colectivo de Arte las Historias que Podemos Contar” y los diversos sitios en INTERNET:

Además contamos con s imágenes y la experiencia de lo vivido y escuchado, con el acceso a archivos serios en los que podemos comprobar: nombres, fechas, rasgos etc... También están los archivos de la prensa oficial y clandestina. Cada día contamos con más testimonios y lo más importante, un buen número de aquellos actores de la historia reciente están dispuestos a testimoniar.


Sugerencia Para Nuestro Trabajo Testimonial


En primer lugar, es fundamental seguir la pauta de los elementos que queremos consignar, podemos hacerlo grabando o escribiendo. Si necesitamos comprobar datos es posible acceder sin problemas al banco documental del arzobispado, que les dará una ficha sinóptica muy detallada en el caso de las personas desaparecidas o ejecutadas. A su vez podrán obtener las carpetas y fotos, pudiendo hacer fotocopias de todo documento que sea importante, el lugar se encuentra en: Erasmo Escala 1848, 2º piso. Abierto de Lunes a Viernes en horario ininterrumpido de 08:30 a 16:00 horas. También podemos lograr los datos fundamentales en el CODEPU, en Informe Rettig o en el archivo de la Biblioteca Nacional entre otros









El Estilo del Testimonio Autobiográfico.


En general dependerá del hablante o narrador, por lo tanto, el estilo es particularísimo y en primera persona, claro está que cuando se refiera a hechos escuchados o leídos es importante decirlo explícita o implícitamente.

No se impida el expresar imágenes y sentimientos que tenga del o los días en que vivió los hechos. No solo en torno a la persona por la que testimonia, también debe hacerlo del lugar y de las gentes que lo rodeaban o conocieron. Lo anterior confirma la veracidad y autenticidad de los acontecimientos.

Por último, a modo de ejemplo puede leer otros testimonios, los hay sobre diversas realidades y latitudes.

A modo de Conclusión

A modo de conclusión les invito a interactuar con el testimonio como documento de la memoria histórica. También a leer y escuchar estos documentos escritos y orales que les he preparado para familiarizarnos con este nuevo abordaje metodológico.


Bibliografía

Libros:
1. Martorell Francisco, Operación Cóndor-El Vuelo de la Muerte, Colección Septiembre Edit. LOM, primera edición 1999,Santiago-Chile.

2. Valdés Hernán, Tejas Verdes-Diario de un Campo de Concentración en Chile, Colección Septiembre, Edit. LOM, primera edición 1996,Santiago-Chile.

Revistas
3. Concha Jaime, Testimonio De La Lucha Antifacista, Casa de las Américas Nº112, la Habana Cuba 1979
4. Medina María Clara, El Relato de Vida Como Testimonio- Un Ejemplo Chileno de Memoria Histórica, Histórical Rewiew, N° 77, NEW MEXICO 2002
Páginas WEB
1. http//members.xoom.com/grimaldi/historia.htm
2.
www.hrw.org/spanish/press/2001/eeuu_hombres.html
3. http://mail.soc.uu.se/mapuche/mapu/mlink98124.htm
4. http://www.derechoschile.com/espanol/testi/3_0.htm
5. Testimonios de Geogle.



Vocabulario

1. Relato: Conocimiento que se da generalmente detallado de un hecho. Narración o cuento
2. Relata : De réfero que en latín significo yo refiero lo que he oído y se utiliza para eludir la responsabilidad de alguna idea que apunta como ajena
3. Relatar:2 Hacer relación de un proceso o pleito.
4. Testigo : Persona que da testimonio de una cosa o lo atestigua//2 Persona que presencia o adquiere directo y verdadero conocimiento de una cosa.
5. Testimonio: (del latín testimonium). Atestación o aseveración de una cosa.//Prueba, justificación y comprobación de la certeza o verdad de una cosa.
6. Narración: (del latín narrare)Acción y efecto de narrar o contar
7. Narrar: Referir lo sucedido

RUTA EDUCATIVA VILLA GRIMALDI

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ENTREVISTA A CLARA TAMBLAY, sobreviviente de Villa Grimaldi, hecha en Santiago el año 2003 a propósito del Programa Educativo en DDHH de la Unidad de Apoyo a la Transversalidad del Ministerio de Educación.

CLARA : voy a empezar desde mi aprehensión, o sea de cuando me detienen, para así llegar a la Villa Grimaldi. En 1974, el 18 de diciembre, a las 7 de la mañana, llegan a la casa de la calle Libertad con Huérfanos, era una casa antigua, se entraba por una escalera grande directamente a un segundo piso. Ahí vivía con Nelly Pinto en ese tiempo, a las 7 de la mañana de ese día llega un operativo muy grande, golpean la puerta, estábamos durmiendo, y desde la pieza en que yo estaba miro hacia abajo y veo a lo menos 5 vehículos, y algunos agentes ya habían salido de sus vehículos y apuntaban con metralletas a la casa. Otros agentes estaban golpeando y pateando la puerta, Nelly mira también desde la ventana y baja casi inmediatamente porque golpeaban con insistencia; irrumpen con fuerza a lo menos unos cinco hombres, este grupo operativo de la DINA era dirigido por Miguel Krassnoff Marchenko; y los que suben eran él, Osvaldo Romo y tres agentes más. A Osvaldo Romo y a Marchenko yo los voy identificando posteriormente porque cuando llegamos a la Villa, solamente después de pasar unos días tomamos confianza con algunas de las compañeras, nos trasmitíamos información, y después a lo largo de los años hasta que en enero de este año en tribunales me careo con Krassnoff Marchenko, así como con otros torturadores y jefes de ese tiempo.

Cuando entran, Osvaldo Romo y los otros, entra directamente a allanar la casa. Nosotros teníamos un laboratorio fotográfico al final, y era como que conocían el plano de la casa, porque entran directamente a esa pieza; Krassnoff Marchenko se queda con nosotras en la parte del living, nos pide identificación, piensan que nosotros estamos con cédulas falsas; pero le decimos que nuestra identidad es la real, y nos dice que hemos sido nombradas por otros detenidos, y que tenemos que ir por un asunto, un tiempo corto y que regresamos. Nos permiten vestirnos, porque nosotras estábamos durmiendo hasta que ellos llegan. Ahí Krassnoff Marchenko se retira, porque vio que no había más gente, que estábamos dos mujeres solas allí y que por el hecho de detenernos sin resistencia nos dejaba con los otros porque…un operativo de esa magnitud, cualquiera no está en condiciones de responder, menos nosotras que estábamos solas ahí. Entonces, ahí se quedan estos agentes que habían pasado a la casa, más Osvaldo Romo, y nos ponen scotch en los ojos y un par de lentes oscuros, y así bajamos la escalera y llegamos a la calle y nos suben a un auto. A esa hora no había gente en la calle, pero sí posteriormente supimos que hubo una vecina que conocía hace mucho tiempo a Nelly Pinto, que nos vio a través de una ventana y avisaron de lo ocurrido a nuestros familiares, por lo menos de que habíamos sido sacadas de allí, y ella vió que después vuelven estos agentes y saquean prácticamente la casa y el laboratorio, sacan de la casa también objetos personales, en fin, se llevan todo.

Nos dirigimos, o sea, nos meten al auto y entre Nelly y yo va Osvaldo Romo, los de adelante eran jóvenes y manejaba uno de estos agentes. Y ahí a empujones, y a insultos dentro del auto, burlándose, con un vocabulario muy soez, siempre, y Osvaldo Romo me toma a mí por los hombros, como simulando una pareja por si se veía desde afuera, me manoseaba y me decía que si yo colaboraba podría salir rápidamente, y sobre todo si le entregaba a Pascal. Pensaban que nosotras teníamos conexión con la dirección del Mir. Bueno. Allí es un largo recorrido en el vehículo, y cuando llegamos a un lugar, yo sentía aviones, entonces me imaginé y nosotros ya el año ’74 sabíamos de la existencia de Villa Grimaldi, así que no era como desconocido que íbamos allí; además que como mi familia siempre vivió en ese sector de La Reina hacia arriba, entonces sabíamos del aeródromo de Tobalaba. Llegamos allá y abren un portón grande, entra el vehículo, y ahí mismo a golpes nos bajan, bajamos del vehículo y era un camino como de maicillo, y lográbamos ver algunas cosas a través del scotch, todavía no nos ponían la venda en el momento en que llegamos.

Cuando toman la cédula y ve el Romo mi cédula que mi apellido era Tamblay, de un empujón le dice a los otros “a esta le tenemos a toda la familia”, se refería a cuatro sobrinas que habían pasado por allí, y entre ellas Bárbara Uribe Tamblay, que había caído con su marido, Edwin Van Yurick, y Bárbara y su marido eran chicos de 20 años, recién casados, no tenían un año de casados, y aun hoy están desaparecidos. Caen con su tío de 70 años, él no las quiso dejar solas, y por acompañarlas cae este tío y permanece después dos años detenido.

Bueno. De ahí, todos muy agresivos, con mucho odio, con mucho resentimiento. Toda esta gente que tomaban los datos eran gente jóven, después nosotras el tiempo que permanecimos en la Villa nos vamos dando cuenta que es gente que han reclutado desde el servicio militar, con una agresividad y un adiestramiento en el desprecio al detenido, groseros... o sea... este tipo de agentes con ese trato, a su vez eran vigilados por otros militares ya de grado; o sea tenían que hacer mérito de esa forma. Entonces,… manoseos, golpes, de todo hacia los detenidos, también ellos participaban de eso. Ahí me llevan a directamente a la pieza de mujeres, en ese tiempo la Villa ya tenía bastante tiempo de funcionamiento, yo creo que la Villa era un centro tal vez el más importante de esa época, a lo menos, de detención y tortura y de desaparición de gente, porque de ahí desapareció mucha gente.

Una de las casas de la Villa estaba ocupada por la jefatura, el estado mayor. todo el mando superior, permanecía ahí. Además cuando ocurre el golpe, Pinochet había estado muy cerca de la Villa Grimaldi, en el Comando de Telecomunicaciones, estaba un poco más arriba; entonces le tenían como ganas a esta casa, que después la arrebatan y se instalan aquí. Además que la Villa Grimaldi tenía tanto significado porque era un centro cultural tan importante en la época de Allende, que toda la intelectualidad, políticos, escritores y artistas, iban allí, a ese centro cultural, con restaurant y hermosos parques.

Entonces, en esa época, diciembre del ’74, yo creo que desde noviembre, diciembre, enero y febrero del 75, fue de una actividad impresionante; porque se habían dedicado prácticamente a la aniquilación del MIR. Entonces caía y caía mucha gente. Ya estaban organizados en la Villa, de manera que tenían piezas de reclusión para mujeres, piezas para hombres... lugares específicos con las camillas, la parrilla, para los interrogatorios y tortura; y dentro de la Villa, parte de esas piezas donde ocurre todo aquello, es la parte de la Villa donde también estaba la gente de servicio en ese tiempo, fuera de la casa principal donde se instala el Estado Mayor. Entonces, allí estaban esas instalaciones,…además tenían un tipo de organización, de qué tipo de tortura iban a realizar y los lugares específicos; la parte de estacionamiento donde habían atropellamientos, es decir, tendían a los detenidos y les pasaban las camionetas por encima de sus piernas; el lugar de colgamiento, un lugar con aguas servidas en que hacían el submarino... es decir, tenían organizado... y para qué decir la Torre, era un lugar también de aislamiento, soledad, en que permanecían por largo tiempo; de ahí, de la Torre la mayor parte de los compañeros son desaparecidos.

Entonces, me llevan a esta pieza, que en ese momento habrían unas 25 mujeres, habían pocos camastros, eran de metal... de manera que pocas podían tenderse, las demás en unas bancas y en el suelo. De allí me sacan enseguida porque actuaban con mucha rapidez, porque eso les significaba que si la persona se quebraba y daba alguna información que ellos consideraran importante, inmediatamente salían a otro operativo y traían más gente. Entonces, empieza la sesión de tortura, digamos, de inmediato, en la mañana. Ahí los interrogatorios... me desnudan, me golpean, me insultan... se burlan, porque yo hago alusión de que yo vengo llegando recién de Buenos Aires, que estuve allí casi... casi diez años, que no conocía gente en Chile y que yo había sido religiosa; se burlaban “que te salve la virgencita” y “seguro que vas a traer un cura p’a que te monte...” así con lenguaje de ese tipo. Y ahí empieza la sesión de tortura. La picana eléctrica, paraban solamente para seguir interrogando... Yo creo que lo adicional para nosotras las mujeres en la tortura, era... distinta a la de los hombres: había varias cosas, les enfurecía que mujeres estuvieran metidas en política... y que por decisión propia hubiésemos elegido un camino determinado, y además, la cosa sexual en el sentido que a todas las torturas se agregaba la violación; tipos de violaciones yo creo que hubo distintas. Por ejemplo, no solo por los mismos torturadores o agentes, el tiempo que permanecimos allí, siempre estuvimos atentas a que en cualquier momento podía ocurrir aquello; o en las sesiones de tortura a mí me decían que iban a traer a uno de los compañeros que ya estaba detenido para que me violara también... en fin. Ese tipo, o sea con personas, pero además existía la violación por animales: perros amaestrados, ratas... y en el caso mío fue violación por la picana eléctrica, o sea que metían la picana en la vagina reiteradas veces. Cualquiera de esos tipos de ultraje es una violación.

Bueno, eso pasa casi toda la mañana, me queman con electrodos, por supuesto llego con los pechos quemados, la vagina y en todas las partes sensibles del cuerpo. Cuando me regresan a la pieza, me tiran de nuevo ahí en el estado que uno puedía estar, me entero por las compañeras, que no podía tomar agua, porque eso produce un schock; eso uno lo iba sabiendo por solidaridad por los que estaban sufriendo la misma situación. Eso ocurre ese día, conmigo, pero como había tanta gente entraban a uno, sacaban a otro, y seguían llegando mujeres a esa pieza. Donde estuvimos nosotros llega incluso una persona que era del Partido Nacional con sus cuatro hijas. El apellido de estas niñas era Altamirano, y esta persona, bueno, no entendía nada, igual fue torturada y mandada al exilio, en fin... hubo mucha gente en ese período.

Después, al día siguiente, a mí me sacan de nuevo, y me llevan a la pieza de los hombres; me lleva Marcelo Moren Brito, torturador que le decían El Ronco, me lleva para carearme con un compañero. Y me saca la venda. Eso me permite conocer a Moren Brito, y yo también en los juicios que hemos seguido por los desaparecidos a lo largo de todos los años, yo me he careado con esta gente. Bueno, él me saca la venda, y entonces logro ver a Carlos Terán de la Jara; compañero que yo conocí un año antes del golpe, este compañero casi no tenía familia, y estudiaba en la universidad Técnica, donde praticábamos kárate. Él había caído el día 12 de diciembre, y con él habíamos estado en la casa, pero hacía un año más o menos que yo no lo veía. Ahí me llevan, y quieren amedrentarme con él en el sentido de que él está muy mal, vomita sangre en ese momento, casi no se puede incorporar, después yo me entero que tiene quebrada la columna... muy mal estado, y ahí yo lo veo, lo miro con afecto y le digo que esté tranquilo, y al Moren Brito le digo que no tengo nada más que decir y que me lleve donde me tendrá que llevar no más, pero no logra amedrentarme aquello. Pero sí observo también a otros detenidos que están ahí, incluso tienen máquina de escribir. Porque en ese tiempo a cuatro que habían sido militantes del MIR los habían convencido de que hicieran un documento para posteriormente hacer una declaración en televisión... a quienes los agentes, los dinos, le decían ‘los huevos’, porque según ellos los tocaban y se quebraban, se burlaban de ellos, habían sido sometidos a torturas terribles.

Bueno, ahí yo vuelvo a la pieza. En esa pieza permanezco allí tirada una semana y más en la Villa, porque me sacan el día 26 de diciembre. Pero era una tortura constante, porque nos sacaban en cualquier momento, además uno escuchaba, porque estábamos al lado de la pieza donde estaba la parrilla, oíamos gritos; Elisa Campos tenía a su marido y le conocía los gritos y decía “me van a matar a mi viejo...” era un matrimonio ya mayor, y andaban buscando a su hijo, y los tenían a ellos, en fin. Estaba María Teresa Eltit y María Teresa Bustillos. Estas compañeras son hoy día desaparecidas. Las sacan en un grupo que sale, que empiezan a llamar el día 24, el día antes de navidad, sacan a un grupo de mujeres entre las que van ellas y también un grupo de hombres. En esa oportunidad llaman también a Hilda Amalia Garcés, pero una vez que los están subiendo en la camioneta le pegan un empujón, dicen “a esta no” y la vuelven a meter a la pieza. Pero logra ver a los que van en esa camioneta; y entre ellos iba Carlos Terán de la Jara, estas compañeras y otros; por eso que nosotros somos testigos de lo que ocurrió con ellos.

En la semana uno no sabía que pasaría con nosotras. Estábamos amenazadas siempre de que nos sacaran de nuevo a tortura, según la información que fueran requiriendo. Y nos amenazaban también con llevarnos a la Torre, era un recinto de aislamiento y tortura que era un terror; llegar allí significaba ya no salir. A María Teresa Eltit la habían llevado a esa parte. María Teresa Bustillos estaba muy mal; bueno, las dos estaban muy mal cuando las sacan, tenía una metrorragia así que estaba bañada en sangre, y no fue atendida. Entonces era una situación de menoscabo como persona, como mujer, …pero allí en cada una de esas situaciones... Se crea un sentimiento de solidaridad, uno va viendo, a pesar del temor de no saber si había gente infiltrada ahí, pero estos gestos de solidaridad se hacían y fueron tan fuertes que hasta el día de hoy, con los que quedamos, los que sobrevivimos somos... hermanos.

A ella la sacan en esas condiciones y a muchos otros. Yo también soy testigo de otros que son desaparecidos y ese día que me sacaron a carearme y me sacan la venda, veo a Luis Palomino, hermano de una de las compañeras que estaba en la pieza de mujeres con nosotras, y de Washington Cid, también su compañera, María Isabel Ortega, estaba en ese momento en la pieza con nosotras. Y como nosotras con la Nelly éramos mayores que la edad de la gente que caía, que eran jovencitas, 20 años, nosotras éramos mayores, entonces tenían ellas y además nosotras una actitud así como de apoyar, de cuidar. En esa situación nos cuenta María Isabel Ortega que ella está embarazada y que no alcanzó a avisarle a su compañero. Entonces ahí uno intenta, qué sé yo, que se comuniquen, y sepa. Bueno, Washington está desaparecido, ella no; su hijo se recibió hace un par de años de abogado, estuvo afuera también un tiempo, pero regresó.

La agresividad, el hecho de que en las noches vinieran a patear la puerta a despertarnos a las que lográbamos dormir un poco. Suspender el sueño en forma reiterada es una tortura. Eso te crea una inestabilidad bastante grande. No teníamos acceso e ir al baño cuando queríamos, nos llevaban en grupo, los guardias manoseándonos constantemente, diciéndonos groserías, permaneciendo ahí en el lugar en el baño, porque era todo abierto; y también veíamos cómo llevaban a los hombres. A nosotras nos llevaban en grupo, en una fila india, tomadas de la parte del hombro; pero los hombres pasaban engrillados, nosotros lográbamos verlos por cierto agujeritos de la ventana y veíamos pasar a los hombres en pésimas condiciones.

Todo eso era estar en constante alerta. Había que estar atenta, por lo que podía venir, digamos. Así permanecimos hasta el 26 de diciembre del ‘74, en que nos sacan de la Villa a un grupo, pero uno en ese momento sin saber a donde va; nos hacen un simulacro de fusilamiento incluso antes de sacarnos. Uno cree que todo puede pasar, entonces.... eso ocurre allí también. Los excesos de estos guardias, a pesar de que como te decía antes eran a su vez vigilados por gente de grado, digamos, del ejército o de donde fueran; eran realmente lumpen... a veces, los domingos, las fiestas, nosotros pasamos navidad- se producían excesos: se emborrachaban, podían llegar curados, violar, en fin; todo eso vivimos permaneciendo allí. Incluso después que nosotros salimos, en víspera de año nuevo, se produce un desbande entran, violan a las mujeres, hasta una compañera que tenía ocho meses de embarazo... fue atroz. Desde ese hecho hubo un cambio en el sentido de que... por ejemplo en el tiempo que yo estoy, la comida era escasa, llevaban algo y eran desperdicios; me acuerdo que eran sopas, de restos de empanadas, con los cuescos de la aceitunas... y eso era lo que comíamos de vez en cuando; nos llevaban un café en una jarra de lata, y estaba hirviendo, nos quemábamos las manos, y teníamos que beberlo ahí delante de ellos en un tiempo determinado quemándonos enteras, o sea que no era ni siquiera agradable que nos lo dieran. Esa forma habría cambiado posteriormente en que llevaron comida, incluso después los sacan al patio, donde está el ombú grande, y podían comer ya en forma... o sea, comida más o menos normal. Pero en esa oportunidad era así.

Después nos llevan a Cuatro Álamos, que también era un lugar secreto. Todavía los familiares no tenían conocimiento de donde estaba uno, y era un poco para recuperar a la gente de todas las torturas y marcas que pudieran llevar de las torturas que había pasado. Después, el 3 de enero del ’75 es cuando me llevan... que también hacen otro simulacro de fusilamiento... porque siempre la finalidad era de asustar, de amedrentar y de no saber qué iban a hacer contigo. Y… llegamos a Tres Álamos, donde permanezco hasta septiembre de 1976, es decir en todo esto estuve casi dos años. Eso es más o menos el recorrido que me toca hacer a mí junto con muchas otras compañeras.

ENTREVISTADORA : ¿cuándo empezaste tú a trabajar, a la vuelta, en la Villa?

CLARA : fue siempre, podría decir que fue siempre. Porque el hecho de ser testigo de desaparecidos, nosotros ya estando detenidas en Tres Álamos hicimos las denuncias. Y para simular esto también lo hacían en tribunales; una vez desde Tres Álamos a mí me sacan a testificar; me llevan por supuesto sin decir donde iba, me encierran en una jaula allí en el tribunal, ahí me interrogan y después me vuelven a llevar; lo que uno declaraba, por supuesto que el tipo ponía lo que ellos querían y uno firmaba... estando detenida hice eso.

Lo que quería decir, es que cuando estoy en Tres Álamos -esto yo creo que es de la parte anterior, pero creo que es importante- a mí me van a buscar en marzo del ’75, cuando yo ya estaba en libre plática, veía a mis familiares, había tenido visitas... no era habitual, pero como iba cayendo gente que seguramente creían que estaban conectados con uno, la sacaban. A mí me va a buscar el Marcelo Moren Brito, nuevamente, sin venda lo reconozco de nuevo, y Basclay Zapata, que fue uno de mis torturadores pero que no lo había visto en forma directa. Ellos lo que intentan es sacarme para la Villa Grimaldi de nuevo, pero también habían llamado antes a la Ángeles Álvarez, nos conociamos antes de caer detenidas. Como necesitaban información rápida, Conrado Pacheco le facilita a la DINA su oficina de la comandancia, y allí llegan estos borrachos, con mucha agresividad... golpes, insultos, amenazas de que me van a llevar y que ya no sé si voy a volver de allá y me interrogan; y yo le digo que no sé nada de la gente que me estaban preguntando, qué sé yo; ahí se produce todo este interrogatorio, violento, pero no me llevan a la Villa, sino que lo hacen ahí en la comandancia. Yo estaba sola, porque primero habían sacado a Ángeles y después a mí.

Después cuando me careo con Conrado Pacheco, cuando ocurre el juicio de Chanfreau, que lo llevaba la jueza Olivares, ahí me careo con él, y lo que digo y afirmo en todas las declaraciones que yo hago, digo la conexión que había de carabineros con la DINA, porque facilitaban eso, además nosotros teníamos una experiencia anterior, que en un grupo de gente -entre ellos Marisa y yo, y no sé que otras más- nos llevan a enfermería, y desde enfermería de Tres Álamos vemos un tremendo camión como de estos frigoríficos que llega, y se baja mucha gente en muy mal estado, con barba, sucios, desgreñados totales; los estamos viendo desde un piso hacia abajo, y cuando se dan cuenta de que estábamos viendo, nos sacan de allí a empujones, y nosotros luego pensamos que se trataba de gente que era trasladada, cuando los llevan al sur y los tiran al mar; suponemos era gente hoy desaparecida. En ese tiempo uno no sabía, es elaboración posterior. Incluso siempre pensábamos que podían ser detenidos que en algún momento los iban a dejar en libertad. Bueno, eso yo en las declaraciones me hacen afirmar que carabineros y la DINA tenían información; Pacheco también tienen información de los desaparecidos.

Desde que estoy detenida, empiezo a declarar por los desaparecidos de quienes yo soy testigo, que los vi, que compartí con ellos. Después de estar en el ’76 que salimos en libertad, nosotros dentro incluso de Tres Álamos hicimos informes muy completos de todos ellos, y teníamos toda la información, chequeábamos los torturadores, el tipo de tortura... pero además tratábamos de sacar información para Ginebra desde la cárcel también. Después que salimos en septiembre del ’76, nosotros estábamos gestionando visas para la gente que no tenía cupos para salir afuera porque la situación acá estaba muy mala, muy tensa, porque los que salían eran vueltos a tomar, los que no habían sido tomados supongamos por la FACH; salían y los tomaba la DINA o los mataban, en fin. Entonces la situación estaba muy mala, de manera que fue una decisión nuestra, a lo menos de las mujeres, de salir hacia fuera. Y ahí me voy con un grupo de cinco compañeras a Suecia, y permanecimos en Estocolmo. Ahí estuve un año y medio, estuve en París seis meses también, después vuelvo del exilio, y regreso en marzo del ’80. Apenas regreso en los ’80, tengo citación. Me acuerdo que fue con bastante temor, porque yo venía llegando recién, era por uno de los casos de los cuales yo había hecho la denuncia, y me acuerdo que me acompañó toda una delegación de familiares, para que no fuera sola la primera vez. Testifiqué y después desde los años ’80 p’adelante, constantemente, en todas las causas que se activaban, nosotros hemos participado. Y allí, viendo a otra gente, a los familiares, a los testigos o a los sobrevivientes, fuimos formando todo un grupo en que íbamos haciendo actividades de denuncia en esa época, y los años ’80 fueron muy duros, así que cuidándonos y todo pero también manifestando nuestro repudio a la dictadura de cómo estaba actuando en esos años.

Por ahí ya después pasan los ’80, el ’89... cuando ya vienen los gobiernos de la Concertación, me acuerdo que Laura Rodríguez, diputada que sale por La Reina, ella muy interesada, porque La Reina y Peñalolén iban juntos, entonces con ella y con la gente de la población en que está la Villa, nosotros nos comunicábamos, íbamos y visitábamos la Villa. Y en el momento en que los vecinos nos avisan que han llegado bulldoser y están echando abajo todo, nosotros acudimos a Laura Rodríguez, fuimos y detuvimos la... bueno, ya estaba demolida, pero por lo menos ingresamos, saltamos portones en esa época, y ahí fue muy impresionante. Hicimos un recorrido, encontramos pedacitos de... cosas que habían... significativas para nosotros.
Me acuerdo que nos vinimos cada uno con una piedrita de adentro y qué sé yo, y ahí empieza la lucha por lograr que la Villa fuera un sitio de memoria. Ahí empezamos todas ya a reunirnos, y ellos desde el gobierno, digamos, tratar de suspender la demolición hasta que se logra. Después nosotros, el ’95 debe haber sido, cuando ya se logra restituir y adquirir la Villa, el terreno, y después con proyectos creamos esto, participamos siempre. En los proyectos... yo me acuerdo que iba a las oficinas de los arquitectos, de otros compañeros que participaban, entonces habían distintas comisiones, y nosotros participábamos en eso. De manera que cuando se abre la Villa, se da inicio a la fundación, ahí también, nos inscribimos; las sucesivas directivas que hubo, siempre preocupadas de dar a conocer, bueno, también en los ’80 vino mucho extranjero, venía, se comunicaba con nosotros, el apoyo a las organizaciones no gubernamentales que nosotros con mis compañeras teníamos; y éramos apoyados primero por -como yo había estado en Estocolmo- por organizaciones de ayuda solidaria de Suecia, profesores de Suecia, después de Noruega, Alemania, Dinamarca; en fin, conocimos a mucha gente en ese período. Incluso nosotros con mi compañero, la ONG que teníamos funcionába con el apoyo de la Comunidad Económica Europea.

Entonces eso de conocer a tanto extranjero, hicimos proyectos con los trabajadores en esto; entonces teníamos un contacto en esa época muy directo con ellos, es gente muy solidaria, muy buena; y después, en tiempos digamos democráticos; venían y allí querían conocer la Villa, el Parque por la Paz. Ahí es cuando empiezo a hacer este recorrido contando. Es decir, uno como había permanecido en la Villa, conocía, y como habíamos colaborado en todo el proceso, sabíamos más o menos lo que se había querido expresar con el nuevo diseño que se le había dado a la Villa. Entonces, es notable, porque donde está la fuente de agua me acuerdo que el sacerdote Aldunate y Mariano Puga cuando abren el portón, hablan justamente en esa fuente de agua, y ese día corría agua de todos los surtidores, era muy bello. Allí, después en los recorridos que yo hacía, hacía resaltar aquello, donde había vida, donde había esto tan bonito... porque estaba rodeado también del ombú cerca, del jardín de las rosas, que se había querido restablecer, porque eso ya no estaba, pero se creó en el lugar que antes había cuando uno estaba ahí, por lo menos olía a rosas dentro de todo lo macabro que estábamos viviendo. Ahí en el lugar de atropellamiento de los compañeros, que padecían ese tipo de torturas.

Entonces todo ese recorrido, donde estaban las casas; como te decía, se organizaron tan bien, que después se crearon nuevas casas, las casas Corvi y las casas Chile, para tener un tipo de tortura que es terrible, donde dos o tres personas entran y no pueden a la vez estar de pie, ni las encuclilladas; y permanecer así días y días así, es un tormento grande. Entonces, todo eso por lo que había pasado, yo en este caso, que era la que guiaba, y conocer tan de cerca los casos de otras compañeras; uno relataba aquello y era muy impactante para estas delegaciones, porque la estaban viendo a uno, que era quien había permanecido allí; y se producía una comunicación, una energía, una confianza, un cariño... era una cosa muy potente lo que a mí me pasaba con estas delegaciones que venían. Así que yo encuentro que así como a mí me tocó tener experiencias con extranjeros, otros compañeros después hicieron visitas a colegios, a pobladores... grupitos que se interesan y que ellos van. Yo después también hice el recorrido a familiares míos, que han quedado muy impactados, que no son de Santiago y que no conocían esto; entonces como conocíamos a quienes eran cuidadores nos abrían y yo podía hacer ese recorrido con la gente. Esto prácticamente desde los ’90, porque la gente con la que yo trabajé directamente hasta el ’93 con estos suecos. Pero después venían, siempre, incluso de vacaciones venían al país, así que yo creo que en los ’90 lo hicimos; sobre todo después que está la Villa constituida, que es por ahí por el ’97, ahí ya está la Villa más establecida. Primero fue el trabajo y la colaboración en los diseños de la maqueta, los trámites; que fue tan engorroso y tanto que hubo entremedio. Pero a finales de los ’90 se hicieron más asiduas las visitas.

Ahora, en la Villa hacen estos actos... se crea un clima, incluso a mí me llamó la atención también después, la celebración de tipo religioso. Fíjate que los pobladores, junto con los sacerdotes -y Aldunate más constantemente- todos los años hacen un vía crucis en la Villa, yo lo encontré increíble, notable. Ahora encuentro que si realmente está involucrado el Ministerio de Educación...es muy importante, uno siempre esperó que sucediera. Yo pensaba que iniciados los gobiernos, altiro, la educación iba a incorporar tal y cual tema en DDHH; no fue así, nos hemos demorado, pero por lo menos ahora que se esté haciendo esto… si nuestro camino fue este, y sirve para que se difunda, lo conozcan, y no se olvide, es algo importante.

ENTREVISTADORA : ¿Qué podrías decir tú, al procesar toda tu vivencia y la experiencia que tienes de después, de la reacción de la gente y todo; qué sientes tú que estuviste presa y otras que estuvieron presas, qué tiene que dejar uno como legado para los jóvenes que no vivieron eso y que no pueden entender muchas cosas? ¿cómo lo hace uno para que no se queden en el horror de lo que fue si no que ellos puedan trabajar eso en forma interna y sacar algo de provecho para la vida?

CLARA : Uno generalmente, claro, cuenta esta parte que es como tú dices el horror. Pero yo te hacía una pequeña alusión: también olíamos las rosas. A pesar de todo uno veía el ombú ahí, y lo veía. Y con las 25 compañeras que estábamos en la misma situación, se va creando un vínculo que es pero fuerte, fuerte; una confianza en el otro, un cariño al otro... y que tú... yo creo que en los momentos de situación límite de la vida, creo que puede salir lo peor y lo mejor de uno. Y cuando sale lo mejor, sale una cosa increíble. Y lo que a nosotros nos quedó de todo esto, es mira... se dice ‘ah, pero el MIR, estuvo con las armas...’, oye, esto es una desproporción tan inmensa... Ejército, todas las Fuerzas Armadas en contra de un grupo que caía desarmado, que no se le hizo juicio; a mí en los dos años no me dijeron porqué estaba detenida. Y pasé todo lo que pasé y así pasaron... uf!, muchas personas; porque fueron muy pocos estos Consejos de Guerra que hacían, chamullentos también, pero a nosotros nada.

ENTREVISTADORA : entonces tú sientes que fueron tan conculcados los derechos humanos que trasmitir eso ya es importante ¿no?

CLARA : y además nos quedó claro a nosotros que, hicimos un compromiso: nosotros vivimos esto, y nosotros queremos que se establezca la verdad y que ojalá haya justicia; pero sabes respecto a la verdad,… nosotros en los testimonios que damos, siempre, sabes que jamás se le ocurrirá a uno arreglar la verdad, porque es tan terrible que uno queda corta siempre, siempre. Entonces de lo que se vivió, de los testigos, de lo que vimos, nuestro valor en lo que testificamos, es la verdad, es la experiencia de lo que vivimos. Y eso es lo que nosotros queremos que se establezca, nos hemos demorado, pero ha habido casos en que hay jueces que realmente han sido increíbles en todo esto, que han tomado como compromiso seguir estos juicios, y que han logrado que hayan estado detenidos a lo menos algunos de los torturadores. Eso es lo que nosotros queremos. Establecer la verdad, y por otro lado, te digo, es algo que para mi vida, y eso que yo ya había vivido harta vida cuando caí; que tenía experiencia. diría muy rica y muy buenas y en todas partes me acerqué a grupos humanos muy fuertes, te digo, esto de las compañeras sobre todo; porque nosotras como mujeres permanecimos como grupo juntas, y éramos trasladadas juntas, o sea que estos dos años permanecimos con un grupo grande, por más que caían y se iban, pero permanecimos mucha gente junta durante este período. Los hombres no, porque los cambiaban, los diseminaban por distintos campos de concentración.

Entonces este grupo es una cosa muy hermosa, muy fuerte. Otra familia tan importante como la natural, la biológica. Eso nos llevó, fíjate, en los años ’95, a nosotras -un grupo, porque no podíamos más- pero nos juntamos cinco compañeras que, como en ese tiempo todavía no teníamos ninguna pensión... ni siquiera éramos reconocidos como exonerados ni nada, y queríamos pasar la vejez cercana, juntas; nos unimos, juntamos una platita y nos compramos una pequeña parcela, que construimos y tendremos casitas individuales, y una casa común; y que hoy nos sirve también para unir a un grupo mucho mayor; porque hay cumpleaños que celebramos, por ejemplo el de Amalia, fuimos al campo y nos juntamos, qué sé yo, 60 personas, compañeras, y los 80 años de la Amalia fueron hermosos... o sea se crea un clima...

Son cosas que nos han unido mucho y que para esto de los jóvenes queremos transmitir, transmitir y que vean las dos partes, para que no ocurra nunca más aquello, lo que hicieron, saber la verdad, los crímenes que se conocieron; pero también la otra parte de vida, porque es más fuerte la vida también, y el hecho de ser sobrevivientes, y haber colaborado en lo poquito que cada uno podía; en crear este centro del Parque por la Paz, que sea un testimonio de lo que ocurrió allí, pero también un centro de reflexión, de amistad...

miércoles, 24 de enero de 2007

Testimonio en memoria de Marco Antonio

Cuando ocurrió el golpe de estado me encontraba en el Norte del país. Mi hermano menor y mis padres vivían en San Bernardo. Mi hermano hacía su servicio militar el año 1973. Con dificultades me informaron que Marco Antonio no aparecía por la casa desde hacía semanas. Mi madre lo pudo ver sólo unas horas un año después del golpe. Cuando llegó a ver a mis padres estaba enfermo. Tenía casi todo el cuerpo lleno de erupciones y heridas mal cicatrizadas. Esto me lo contó mi madre en Mayo de 1975 cuando llegué a Santiago para dejar el país. Unas semanas atrás yo había salido de un campo de concentración donde estuve cerca de 14 meses. En esos pocos días que estuve en San Bernardo, vi a mi hermanito y pude conversar con él.
Ya no era el joven alegre y lleno de planes que guardaba en la memoria y recordaba mientras estaba en el campo de concentración. Me confronté con un hombre callado y nervioso y pálido que miraba siempre hacia la puerta de calle como un paranoico. Traté de hacerle hablar y desahogarse de las cosas que no había contado a nadie. Se mordía los uñas, las yemas de sus dedos estaban casi deformadas. Me dijo como susurrando: « Yo estuve en lo de « La Moneda ». Dos semanas antes del golpe nos tenían casi sin dormir. Cada noche había alarma y simulacros. No había hora fija. Cuando ya estábamos en los camiones listos para salir del regimiento nos hacían bajar y nos mandaban a dormir. Y siempre nos repetían el mismo discurso.
– “No confíen en nadie. Si alguien se acerca a darles un café o pan o una fruta, no lo reciban, puede estar envenenado. El enemigo está en todas partes. No confíen ni en tu hermano. El único que cuida por ustedes soy y el sargento. “
El día 11, el día del golpe, nos despertaron como a las 5 de la mañana. No subimos a los camiones. Nos dieron una arenga: Que no confiáramos en nadie. Sólo en el oficial de la compañía y en los compañeros. Antes nos dieron un desayuno de pan, bistec con huevos fritos y tazón de leche con un líquido rojo sobrenadando en ella. Sabía a remedio pero nos ordenaron beberla. Esta vez no era un simulacro nos dieron armas y mucha munición.
El oficial decía que estábamos en guerra. ¿Yo pensaba y me preguntaba con quien? ¿Argentina? Como a las 6 de la mañana subimos a los camiones y nos hicieron esperar.
Cuando llegó la orden nos dirigimos al centro de Santiago.
Cuando le pregunté, ¿dónde en Santiago? Me dijo: frente a La Moneda y el Hotel Carrera. Parecía que todos los recuerdos se le agolpaban en la mente y agregó:
- El líquido que habíamos bebido con la, leche había empezado a surtir efecto.
Todos estábamos nerviosos casi no podíamos estar quietos, la respiración era corta y agitada. Cuando comenzamos a disparar contra los civiles el oficial que se movía detrás de nosotros y nos gritaba: - ¡Al que no dispara le pego un tiro!
Mi hermano soltó una carcajada burlona y me dijo: - No sé cuantos magazines disparé contra los ventiladores del Hotel Carrera. Pero, eso fue como un destello de vida, porque su rostro volvió a tomar el color pálido y nervoso de antes, como envejecido y su mirada volvió a ser nerviosa como si esperara que en cualquier momento le vendrían a buscar.
Para que siguiera contando le dije nuevamente. Tú sabes que me voy mañana y tal vez no te veré por mucho tiempo y yo no voy a contar a nadie estas cosas mientras tu vivas. Te lo juro y tú vivirás más que yo.
Dime ahora que pasó después del golpe. ¿Dónde estuviste todo el tiempo que no podías volver a casa?
- Una vez que los aviones bombardearon la Moneda y cuando ya no había más disparos. Nos mandaron a vigilar a los que se rendían. Todos pegaban, el que no pegaba quedaba mal con nuestro sargento.
Agrego como buscando disculpas: - No conocíamos a nadie y todos los detenidos se cubrían la cabeza mientras les golpeábamos con las culatas en las costillas y la cabeza si podíamos. Así que empezamos a golpear y apresar a la gente que salía.
Mi hermano me miró sonriendo y me dijo: yo siempre pensaba en ti y me preocupaba de lo que podría estar pasando en el Norte.
Cuando le dije. - Mamá dice que no podías volver casa. Me contestó lacónicamente: - Sólo vine una vez. Creo que fueron dos horas.
Y luego continuó: - Más permiso no me dieron. Un jeep me vino a recogerme. Luego agregó:- Mi mamá me contó que tú estabas preso, pero que no sabían donde. Desde ese día planeé como hacer para salirme del ejército sin cometer un error y que mataran como a otros.
– ¿Cómo así no más? Contesto como recordando: - A dos de mi compañía se los echaron cuando un capitán nos preguntó una vez en los simulacros. ¿Los que tengan un pariente socialista o comunista que den un paso al frente? ustedes no tienen la culpa si sus parientes se han pasado para el otro lado. Todos teníamos miedo. Dos conscriptos dieron un paso al frente y los apresaron por semanas incomunicados. Después del golpe supimos que los habían matado.
Volví a insistir: - ¿Pero qué hiciste después del golpe?
- En las noches nos sacaban a apalear a los presos que traían los camiones de los barrios industriales. Matamos mucha gente. Los traían en camiones de los transportistas de Villarín, o como se llamaba el jefe de ellos. En la madrugada enterrábamos los muertos con escavadoras detrás del Cerro Chena. Muchos de los compañeros de la compañía no aguantaban se pegaban un tiro. La cosa era o matabas o te mataban los oficiales.
¿A cuántos mataron más o menos? Mi hermano respondió mirando para otro lado: - A muchos.
¿Puedes decirme cuántos?, ¿Cincuenta, cien, mas de cien?
- Muchos más que eso, cien no es nada.
¿Y cuántos días duró eso? Me miró como para dejarme callado y no atormentarlo más y respondió:
– Al comienzo todos los días. Después nos llevaban a otras ciudades y hacíamos lo mismo.
Mi hermano me dijo sollozando: – Estoy feliz de haberme salido de esa mierda. Mi teniente quería que me quedará, el quería mandarme a la escuela de suboficiales. Yo no quise. Me presionó mucho. Para mi eso de quedarme en el ejército era peor que estar en una cárcel. No podías salir. Los otros soldados y los suboficiales nos tenían miedo. Y no podíamos hablar con nadie. Ni salir a la calle. Siempre estábamos vigilados por los del SIM.
Mi hermano me dijo antes de irme al exterior que se iría al Norte para olvidarse de todo. No sólo se fue él. También se fue mi familia. Vendieron su negocio, la casa. Se fueron todos. Dijeron adiós a San Bernardo, pensando poder olvidar.
En 1991 volví a Chile, después que Pinochet había dejado el gobierno. Cuando visité a mi madre. Mi padre había muerto en 1987. Después de casi 16 años
De ausencia, mi hermano ya no estaba. Había muerto en 1988. No lo volví a verlo nunca. El único rostro que recuerdo es su cara de niño cuando me fuí a trabajar al norte a las minas del Salvador. El no fue feliz. Cuando estuvo en el Norte no pudo encontrar trabajo estable. Se había casado tuvo hijos. Aún estando en el Norte, cada vez que había movimientos de tropas lo iban a buscar a la casa y lo tenían por días acuartelado. Mi madre me contó que se ponía como loco y luego no podía dormir. A mi hermano lo mataron y robaron el futuro y la vida el día del golpe. Cuando murió en aquel accidente de tráfico fue su instante de descansar finalmente.
Mi madre me contó que ella y mi cuñada., la mujer de mi hermano, se conformaron y pensaron que la tragedia había finalmente terminado.
Cuando volví por primera vez a Chile en 1991, fui a Antofagasta. Durante el gobierno de Aylwin, Pinochet movilizó las tropas. Esa noche estaba invitado a comer en casa de unos amigos. No nos dimos cruenta de lo que pasaba. Cuando me fueron a dejar a la casa de mi madre estaban todas llorando y pegadas a la ventana. Esperando por mí. Cuando bajé del auto me abrazaron. Mi hermana me dijo: _- ¿Cómo que no sabes lo que ha pasado? Yo las miraba incrédulo y mi amigo estaba también extrañado. Luego me contaron que Pinochet había sacado las tropas a la calle. Ya en la casa, mi madre me contó llorando que esa noche los soldados habían vuelto a la casa a buscar a mi hermano. Se metieron en la casa y lo revolvieron todo, como en los tiempos del golpe. Mi hermana me dijo que les gritaban que estaba muerto. Que ya no estaba. Las empujaron y se reían. Sólo cuando mi madre pudo mostrarles el certificado de defunción las dejaron tranquila.
El oficial ni siquiera dio las gracias. Dijo Mierda! y se marcharon.
Mi padre y mi madre murieron tristes y llenos de sufrimientos. Mi querido hermano descansa finalmente y ya nadie lo busca para quedarse callado, Ya no podrán amenazarlo. El no podrá contar los secretos que ellos temen.
Yo ahora sólo rompo la promesa que le hice a mi hermano porque murió antes que yo y porque también mis padres ya están muertos. Ya no sufrirán la angustia de no poder una respuesta a tanta maldad, desgracia y a la sin razón de los sufrimientos de mi hermano. Ellos tampoco sufrirán cuando yo diga estas cosas que ahora cuento.
Yo no hice ninguna promesa con los que le robaron la vida y le mataron en vida el día 11 de Septiembre de 1973 cuando sólo tenía a penas 18 años.
Yo ya estoy viejo y siento que me estoy muriendo y a esta altura de mi vida quedan pocas cosas para empezar, pero me quedan cosa por dejar bien terminadas. Son muchas las cosas que he visto y muchos sufrimiento y los amigos que vi sacar de las celdas y que nunca volvieron o que desaparecieron. Ahora ya no tengo más miedo y en la memoria de mi hermano digo ahora las cosas que el no pudo decir por miedo.
Sólo lamento no estar seguro de que el mundo que voy dejando atrás a mis nietos sea ya como el que siempre he deseado y quiso vivir mi querido hermano.

Colonia Dignidad”

"Torturaban y mataban en Colonia Dignidad”
La Nación, Domingo 27 de Marzo de 2005

En testimonio exclusivo, el ex uniformado cuenta cómo fue trasladado al enclave alemán Álvaro Vallejos Villagrán, alias el Loro Matías, por cuya desaparición Schäfer fue sometido a proceso. Además asegura que éste comunicó personalmente a los hombres de Manuel Contreras que Vallejos había sido liquidado.
Elizabeth Agurto
Juego con la taza. Ha cambiado dos veces el lugar de encuentro y ahora está un poco atrasado, 10 minutos para ser exactos. ¿Llegará? El local es tranquilo, céntrico, seguro para ambos. Termino el capuchino pero él no aparece ¿O estará aquí y no lo sé? No lo conozco, pero podría identificar su voz… ¿Cómo será Samuel Fuenzalida Devia? ¿Cómo será un ex agente de la DINA?
Sé algunos datos. En septiembre de 1973 él tenía 18 años y era soldado segundo del Regimiento Reforzado Motorizado Número 15 de Calama. En diciembre de ese año fue asignado al Regimiento Número 2 de Ingenieros de Tejas Verdes y trasladado a las Rocas de Santo Domingo, donde el entonces coronel Manuel Contreras, el Mamo, le avisó que sería parte de la debutante Dirección de Inteligencia Nacional. Por su participación en ese organismo represivo conoció al Loro Matías, un detenido desaparecido, por cuya causa el juez Joaquín Billard procesó a Paul Schäfer.
¿Me contará todo lo que pasó hace 31 años? La historia oficial de Álvaro Vallejos Villagrán, más conocido como el Loro Matías, ya la conozco: militante del MIR, cuando en 1974 fue detenido por la DINA tenía 25 años y un hijo. La última vez que sus padres lo vieron fue a fines de julio de ese año.
Luego desapareció, según la versión que entregó Samuel Fuenzalida a la justicia, en Colonia Dignidad.
Sumo mis reseñas, y aún no logro crear una imagen de Samuel Fuenzalida.
De pronto, aparece. Aunque jamás me ha visto, sabe perfectamente quién soy. Se dirige directamente hacia mí.
Es joven, pienso. Al menos no representa los 50 años que tiene. Es moreno, de contextura media, simpático, tan normal como cualquiera, pero es distinto porque es un testigo privilegiado, porque estuvo con Álvaro Vallejos Villagrán en 1974, porque declaró, en 1976 en Europa, sobre su desaparición, porque su relato reveló los nexos de la DINA con Villa Baviera. Por eso es que tampoco acepta fotos.
VIAJE A “PUERTO MONTT”
Estoy en su territorio. La mesera que atiende lo conoce, incluso le permite subir al segundo piso -cerrado-, para que pueda conversar conmigo.
Pide un café. Saca un papel. Es un certificado de su paso por el Ejército, un documento que le ha permitido desvirtuar la versión que Colonia Dignidad usó en el juicio de 1979 contra Amnistía Internacional en Alemania, aquella donde decía que Fuenzalida nunca estuvo en las Fuerzas Armadas.
Acepto sus credenciales. Sé que tanto la justicia internacional como la chilena han validado su testimonio...
-¿Cuándo y cómo conoció usted a Álvaro Vallejos Villagrán?
-A fines de mayo de 1974, en Londres 38, un lugar de detención que tenía la DINA en Santiago Centro. Sabía que el Loro era hijo de un suboficial del Ejército, por eso me acordaba bien de él y lo reconocí cuando a principios de agosto me tocó, por casualidad, trasladarlo desde Cuatro Álamos hasta donde “los alemanes”...
-¿Quiénes eran “los alemanes” en la jerga de la DINA?
-Era el enclave de Schäfer, lo que todos conocen como Colonia Dignidad.
-¿Era habitual trasladar a reos hasta este recinto?
-Sí, “los alemanes” colaboraban con la DINA, eso era común.

-En el caso específico de Vallejos, ¿quién dio la orden de llevarlo hasta Colonia Dignidad?
-Yo lo trasladé bajo las órdenes del capitán de Ejército Fernando Gómez Segovia... Íbamos, eso sí, varios agentes… el Loro estaba quebrado, había sido torturado. Supe que lo iban a matar porque en Cuatro Álamos pedí su reloj, sus pertenencias personales, y Gómez me dijo que no, que “no las iba a necesitar”. Ahí supe que lo matarían. Me acuerdo que en su ficha decía “Puerto Montt”. Después, en el cuartel Terranova (Villa Grimaldi), me enteré de que eso significaba “morir en tierra”. “Moneda” era “morir en agua”, ser lanzado al mar. La ficha del Loro decía “Puerto Montt”.
-Usted dice que llevaron a Vallejos desde Cuatro Álamos hasta Colonia Dignidad ¿Los esperaba alguien ahí?
-Sí, era invierno… Camino a Dignidad vimos una camioneta donde iban civiles. Dieron una clave y Gómez se bajó. Ahí el Loro, que iba vendado, me dijo que sentía que iba por un camino que ya había recorrido. Y era verdad, el Loro ya había estado ahí, en Villa Baviera. Seguimos y a la entrada de Dignidad había un auto con varias personas, ahí el que mandaba era “El Profesor”.
-¿Quién era “El Profesor?
-Paul Schäfer.
-¿Cómo sabe que era él?
-Me acuerdo bien de Schäfer porque tenía un ojo de vidrio. Era fácil de distinguir. También me acuerdo de otro, que ahora sé que es Gerhard Mücke. Él era gordo, grande, fornido. Ellos dos se me quedaron grabados. A los otros no los recuerdo. Eso sí, a los alemanes, que aparecieron ahora en la televisión, en la detención en Argentina, los vi en Santiago, instalando la radio en el cuartel Terranova.
-Volviendo al caso de Vallejos Villagrán…
Suena el teléfono de Fuenzalida. En la línea hay alguien relacionado con el caso, porque le explica que está dando una entrevista y que también podría participar. Se trata de Wolfgang Müller, uno de los primeros colonos en huir de Dignidad.
EL PROFESOR NO TIENE MEMORIA
-Retomo. Volviendo al caso de Vallejos Villagrán, ¿usted me asegura que fue recibido específicamente por Schäfer?
-Ya le dije. Él recibió específicamente al Loro, lo vio cuando otros dos alemanes lo subieron al auto, conversó con Gómez Segovia. Schäfer incluso nos invitó a cenar en Dignidad. Sé que era él.
-¿Qué pasó después con Vallejos Villagrán?
-No vi lo que pasó con él. Yo estaba en una casa en Colonia Dignidad comiendo con los otros agentes. Schäfer no estuvo toda la cena con nosotros, llegó más tarde. Cuando le preguntaron por el Loro, él se sentó e hizo un ademán con las manos, como que el Loro estaba muerto, y dijo “fertig”. Después viví en Alemania, fertig significa terminado, muerto.
-¿Y fue Schäfer quien comunicó la muerte de Vallejos Villagrán?
-Sí.
-¿Usted supo si Schäfer participó de las torturas a Vallejos o en los apremios a otros detenidos?
-Yo no lo vi, pero en Terranova se comentaba, entre nosotros, que “El Profesor” dirigía algunas torturas y estaba al tanto de todo lo que pasaba con los presos, que incluso los alemanes ayudaban a enterrarlos cerca de la cordillera.
-Usted fue careado el lunes 14 con Schäfer. ¿Él lo reconoció?
-Él sabía de mí, sabe de mí desde los procesos en Europa, porque yo fui su primer acusador chileno allá.

- ¿Pero lo reconoció?
-En un primer momento no, no me reconoció, pero después, cuando le empecé a contar la historia, se puso nervioso, se empezó a comer las uñas, se mordió el labio, y le sangró.
-¿Él reconoce las imputaciones que usted le hace?
-Él declaró que prestó Colonia Dignidad a los militares, para que hicieran ejercicios, experimentos… eso dijo.
-¿Pero él dijo saber que estos recintos eran utilizados con su autorización para realizar torturas y dar muerte a prisioneros políticos?
Se inquieta un poco por la insistencia, pero prosigue. “Esta materia es delicada”, advirtió antes del encuentro. El juez Billard le ha pedido prudencia en las declaraciones.
-Lo que le dije: él confesó que prestó el recinto para que los militares hicieran experimentos, él lo reconoce, lo dice...
-Pero le insisto, ¿él dijo saber lo que los militares hacían en Colonia Dignidad?
-Bueno, ¡¿y qué hacían los militares?! ¡Si yo era militar!
-Se lo pregunto a usted: ¿qué hacían los militares en Colonia Dignidad?
-¡¿Qué hacíamos?! Los militares torturaban y mataban en la Colonia Dignidad, lo mismo que se hacía en todos los otros cuarteles...
-Usted que vio a Schäfer, ¿cree que él entiende lo que le preguntan?
-Sí, está lúcido. Él es inteligente, puede estar viejo, pero está bien, entiende... Se hace el loco no más.
TODOS SABÍAN
-Se dice que Manuel Contreras era cercano a Schäfer. ¿Usted constató eso?
-Cuando cené con los alemanes, con Paul Schäfer, se mencionó como seis veces el nombre de Manuel Contreras y otras tantas las de Augusto Pinochet. Yo estuve en Dignidad a principios de agosto, a fines de ese mes fue Pinochet a visitar la colonia…
-¿La DINA era parte de la red de protección de la colonia?
-Creo que sí, porque era la inteligencia de Pinochet… y Pinochet visitó la colonia.
-¿Y Pinochet sabía lo que pasaba?
-Creo que sí, que sabía. Éramos de la inteligencia militar. Además, en 1976 yo denuncié por vez primera esto, cuando me fui a Europa, después de retirarme de las Fuerzas Armadas. Después del ’76 todos sabían. Los ministros del Interior de la época, también sabían.
-Entonces, según su parecer, ¿Sergio Fernández, ministro del Interior de Pinochet desde 1978, sabía lo que pasaba en Colonia Dignidad?
-Desde el ’76 todos sabían. Él también.
El café se enfrió. Nos despedimos. Es tarde. Bajo al primer piso y pido la cuenta. “Está todo pagado”, me dice la mesera. Ya sé cómo es un ex agente de la DINA. LND