
ENTREVISTA A CLARA TAMBLAY, sobreviviente de Villa Grimaldi, hecha en Santiago el año 2003 a propósito del Programa Educativo en DDHH de la Unidad de Apoyo a la Transversalidad del Ministerio de Educación.
CLARA : voy a empezar desde mi aprehensión, o sea de cuando me detienen, para así llegar a la Villa Grimaldi. En 1974, el 18 de diciembre, a las 7 de la mañana, llegan a la casa de la calle Libertad con Huérfanos, era una casa antigua, se entraba por una escalera grande directamente a un segundo piso. Ahí vivía con Nelly Pinto en ese tiempo, a las 7 de la mañana de ese día llega un operativo muy grande, golpean la puerta, estábamos durmiendo, y desde la pieza en que yo estaba miro hacia abajo y veo a lo menos 5 vehículos, y algunos agentes ya habían salido de sus vehículos y apuntaban con metralletas a la casa. Otros agentes estaban golpeando y pateando la puerta, Nelly mira también desde la ventana y baja casi inmediatamente porque golpeaban con insistencia; irrumpen con fuerza a lo menos unos cinco hombres, este grupo operativo de la DINA era dirigido por Miguel Krassnoff Marchenko; y los que suben eran él, Osvaldo Romo y tres agentes más. A Osvaldo Romo y a Marchenko yo los voy identificando posteriormente porque cuando llegamos a la Villa, solamente después de pasar unos días tomamos confianza con algunas de las compañeras, nos trasmitíamos información, y después a lo largo de los años hasta que en enero de este año en tribunales me careo con Krassnoff Marchenko, así como con otros torturadores y jefes de ese tiempo.
Cuando entran, Osvaldo Romo y los otros, entra directamente a allanar la casa. Nosotros teníamos un laboratorio fotográfico al final, y era como que conocían el plano de la casa, porque entran directamente a esa pieza; Krassnoff Marchenko se queda con nosotras en la parte del living, nos pide identificación, piensan que nosotros estamos con cédulas falsas; pero le decimos que nuestra identidad es la real, y nos dice que hemos sido nombradas por otros detenidos, y que tenemos que ir por un asunto, un tiempo corto y que regresamos. Nos permiten vestirnos, porque nosotras estábamos durmiendo hasta que ellos llegan. Ahí Krassnoff Marchenko se retira, porque vio que no había más gente, que estábamos dos mujeres solas allí y que por el hecho de detenernos sin resistencia nos dejaba con los otros porque…un operativo de esa magnitud, cualquiera no está en condiciones de responder, menos nosotras que estábamos solas ahí. Entonces, ahí se quedan estos agentes que habían pasado a la casa, más Osvaldo Romo, y nos ponen scotch en los ojos y un par de lentes oscuros, y así bajamos la escalera y llegamos a la calle y nos suben a un auto. A esa hora no había gente en la calle, pero sí posteriormente supimos que hubo una vecina que conocía hace mucho tiempo a Nelly Pinto, que nos vio a través de una ventana y avisaron de lo ocurrido a nuestros familiares, por lo menos de que habíamos sido sacadas de allí, y ella vió que después vuelven estos agentes y saquean prácticamente la casa y el laboratorio, sacan de la casa también objetos personales, en fin, se llevan todo.
Nos dirigimos, o sea, nos meten al auto y entre Nelly y yo va Osvaldo Romo, los de adelante eran jóvenes y manejaba uno de estos agentes. Y ahí a empujones, y a insultos dentro del auto, burlándose, con un vocabulario muy soez, siempre, y Osvaldo Romo me toma a mí por los hombros, como simulando una pareja por si se veía desde afuera, me manoseaba y me decía que si yo colaboraba podría salir rápidamente, y sobre todo si le entregaba a Pascal. Pensaban que nosotras teníamos conexión con la dirección del Mir. Bueno. Allí es un largo recorrido en el vehículo, y cuando llegamos a un lugar, yo sentía aviones, entonces me imaginé y nosotros ya el año ’74 sabíamos de la existencia de Villa Grimaldi, así que no era como desconocido que íbamos allí; además que como mi familia siempre vivió en ese sector de La Reina hacia arriba, entonces sabíamos del aeródromo de Tobalaba. Llegamos allá y abren un portón grande, entra el vehículo, y ahí mismo a golpes nos bajan, bajamos del vehículo y era un camino como de maicillo, y lográbamos ver algunas cosas a través del scotch, todavía no nos ponían la venda en el momento en que llegamos.
Cuando toman la cédula y ve el Romo mi cédula que mi apellido era Tamblay, de un empujón le dice a los otros “a esta le tenemos a toda la familia”, se refería a cuatro sobrinas que habían pasado por allí, y entre ellas Bárbara Uribe Tamblay, que había caído con su marido, Edwin Van Yurick, y Bárbara y su marido eran chicos de 20 años, recién casados, no tenían un año de casados, y aun hoy están desaparecidos. Caen con su tío de 70 años, él no las quiso dejar solas, y por acompañarlas cae este tío y permanece después dos años detenido.
Bueno. De ahí, todos muy agresivos, con mucho odio, con mucho resentimiento. Toda esta gente que tomaban los datos eran gente jóven, después nosotras el tiempo que permanecimos en la Villa nos vamos dando cuenta que es gente que han reclutado desde el servicio militar, con una agresividad y un adiestramiento en el desprecio al detenido, groseros... o sea... este tipo de agentes con ese trato, a su vez eran vigilados por otros militares ya de grado; o sea tenían que hacer mérito de esa forma. Entonces,… manoseos, golpes, de todo hacia los detenidos, también ellos participaban de eso. Ahí me llevan a directamente a la pieza de mujeres, en ese tiempo la Villa ya tenía bastante tiempo de funcionamiento, yo creo que la Villa era un centro tal vez el más importante de esa época, a lo menos, de detención y tortura y de desaparición de gente, porque de ahí desapareció mucha gente.
Una de las casas de la Villa estaba ocupada por la jefatura, el estado mayor. todo el mando superior, permanecía ahí. Además cuando ocurre el golpe, Pinochet había estado muy cerca de la Villa Grimaldi, en el Comando de Telecomunicaciones, estaba un poco más arriba; entonces le tenían como ganas a esta casa, que después la arrebatan y se instalan aquí. Además que la Villa Grimaldi tenía tanto significado porque era un centro cultural tan importante en la época de Allende, que toda la intelectualidad, políticos, escritores y artistas, iban allí, a ese centro cultural, con restaurant y hermosos parques.
Entonces, en esa época, diciembre del ’74, yo creo que desde noviembre, diciembre, enero y febrero del 75, fue de una actividad impresionante; porque se habían dedicado prácticamente a la aniquilación del MIR. Entonces caía y caía mucha gente. Ya estaban organizados en la Villa, de manera que tenían piezas de reclusión para mujeres, piezas para hombres... lugares específicos con las camillas, la parrilla, para los interrogatorios y tortura; y dentro de la Villa, parte de esas piezas donde ocurre todo aquello, es la parte de la Villa donde también estaba la gente de servicio en ese tiempo, fuera de la casa principal donde se instala el Estado Mayor. Entonces, allí estaban esas instalaciones,…además tenían un tipo de organización, de qué tipo de tortura iban a realizar y los lugares específicos; la parte de estacionamiento donde habían atropellamientos, es decir, tendían a los detenidos y les pasaban las camionetas por encima de sus piernas; el lugar de colgamiento, un lugar con aguas servidas en que hacían el submarino... es decir, tenían organizado... y para qué decir la Torre, era un lugar también de aislamiento, soledad, en que permanecían por largo tiempo; de ahí, de la Torre la mayor parte de los compañeros son desaparecidos.
Entonces, me llevan a esta pieza, que en ese momento habrían unas 25 mujeres, habían pocos camastros, eran de metal... de manera que pocas podían tenderse, las demás en unas bancas y en el suelo. De allí me sacan enseguida porque actuaban con mucha rapidez, porque eso les significaba que si la persona se quebraba y daba alguna información que ellos consideraran importante, inmediatamente salían a otro operativo y traían más gente. Entonces, empieza la sesión de tortura, digamos, de inmediato, en la mañana. Ahí los interrogatorios... me desnudan, me golpean, me insultan... se burlan, porque yo hago alusión de que yo vengo llegando recién de Buenos Aires, que estuve allí casi... casi diez años, que no conocía gente en Chile y que yo había sido religiosa; se burlaban “que te salve la virgencita” y “seguro que vas a traer un cura p’a que te monte...” así con lenguaje de ese tipo. Y ahí empieza la sesión de tortura. La picana eléctrica, paraban solamente para seguir interrogando... Yo creo que lo adicional para nosotras las mujeres en la tortura, era... distinta a la de los hombres: había varias cosas, les enfurecía que mujeres estuvieran metidas en política... y que por decisión propia hubiésemos elegido un camino determinado, y además, la cosa sexual en el sentido que a todas las torturas se agregaba la violación; tipos de violaciones yo creo que hubo distintas. Por ejemplo, no solo por los mismos torturadores o agentes, el tiempo que permanecimos allí, siempre estuvimos atentas a que en cualquier momento podía ocurrir aquello; o en las sesiones de tortura a mí me decían que iban a traer a uno de los compañeros que ya estaba detenido para que me violara también... en fin. Ese tipo, o sea con personas, pero además existía la violación por animales: perros amaestrados, ratas... y en el caso mío fue violación por la picana eléctrica, o sea que metían la picana en la vagina reiteradas veces. Cualquiera de esos tipos de ultraje es una violación.
Bueno, eso pasa casi toda la mañana, me queman con electrodos, por supuesto llego con los pechos quemados, la vagina y en todas las partes sensibles del cuerpo. Cuando me regresan a la pieza, me tiran de nuevo ahí en el estado que uno puedía estar, me entero por las compañeras, que no podía tomar agua, porque eso produce un schock; eso uno lo iba sabiendo por solidaridad por los que estaban sufriendo la misma situación. Eso ocurre ese día, conmigo, pero como había tanta gente entraban a uno, sacaban a otro, y seguían llegando mujeres a esa pieza. Donde estuvimos nosotros llega incluso una persona que era del Partido Nacional con sus cuatro hijas. El apellido de estas niñas era Altamirano, y esta persona, bueno, no entendía nada, igual fue torturada y mandada al exilio, en fin... hubo mucha gente en ese período.
Después, al día siguiente, a mí me sacan de nuevo, y me llevan a la pieza de los hombres; me lleva Marcelo Moren Brito, torturador que le decían El Ronco, me lleva para carearme con un compañero. Y me saca la venda. Eso me permite conocer a Moren Brito, y yo también en los juicios que hemos seguido por los desaparecidos a lo largo de todos los años, yo me he careado con esta gente. Bueno, él me saca la venda, y entonces logro ver a Carlos Terán de la Jara; compañero que yo conocí un año antes del golpe, este compañero casi no tenía familia, y estudiaba en la universidad Técnica, donde praticábamos kárate. Él había caído el día 12 de diciembre, y con él habíamos estado en la casa, pero hacía un año más o menos que yo no lo veía. Ahí me llevan, y quieren amedrentarme con él en el sentido de que él está muy mal, vomita sangre en ese momento, casi no se puede incorporar, después yo me entero que tiene quebrada la columna... muy mal estado, y ahí yo lo veo, lo miro con afecto y le digo que esté tranquilo, y al Moren Brito le digo que no tengo nada más que decir y que me lleve donde me tendrá que llevar no más, pero no logra amedrentarme aquello. Pero sí observo también a otros detenidos que están ahí, incluso tienen máquina de escribir. Porque en ese tiempo a cuatro que habían sido militantes del MIR los habían convencido de que hicieran un documento para posteriormente hacer una declaración en televisión... a quienes los agentes, los dinos, le decían ‘los huevos’, porque según ellos los tocaban y se quebraban, se burlaban de ellos, habían sido sometidos a torturas terribles.
Bueno, ahí yo vuelvo a la pieza. En esa pieza permanezco allí tirada una semana y más en la Villa, porque me sacan el día 26 de diciembre. Pero era una tortura constante, porque nos sacaban en cualquier momento, además uno escuchaba, porque estábamos al lado de la pieza donde estaba la parrilla, oíamos gritos; Elisa Campos tenía a su marido y le conocía los gritos y decía “me van a matar a mi viejo...” era un matrimonio ya mayor, y andaban buscando a su hijo, y los tenían a ellos, en fin. Estaba María Teresa Eltit y María Teresa Bustillos. Estas compañeras son hoy día desaparecidas. Las sacan en un grupo que sale, que empiezan a llamar el día 24, el día antes de navidad, sacan a un grupo de mujeres entre las que van ellas y también un grupo de hombres. En esa oportunidad llaman también a Hilda Amalia Garcés, pero una vez que los están subiendo en la camioneta le pegan un empujón, dicen “a esta no” y la vuelven a meter a la pieza. Pero logra ver a los que van en esa camioneta; y entre ellos iba Carlos Terán de la Jara, estas compañeras y otros; por eso que nosotros somos testigos de lo que ocurrió con ellos.
En la semana uno no sabía que pasaría con nosotras. Estábamos amenazadas siempre de que nos sacaran de nuevo a tortura, según la información que fueran requiriendo. Y nos amenazaban también con llevarnos a la Torre, era un recinto de aislamiento y tortura que era un terror; llegar allí significaba ya no salir. A María Teresa Eltit la habían llevado a esa parte. María Teresa Bustillos estaba muy mal; bueno, las dos estaban muy mal cuando las sacan, tenía una metrorragia así que estaba bañada en sangre, y no fue atendida. Entonces era una situación de menoscabo como persona, como mujer, …pero allí en cada una de esas situaciones... Se crea un sentimiento de solidaridad, uno va viendo, a pesar del temor de no saber si había gente infiltrada ahí, pero estos gestos de solidaridad se hacían y fueron tan fuertes que hasta el día de hoy, con los que quedamos, los que sobrevivimos somos... hermanos.
A ella la sacan en esas condiciones y a muchos otros. Yo también soy testigo de otros que son desaparecidos y ese día que me sacaron a carearme y me sacan la venda, veo a Luis Palomino, hermano de una de las compañeras que estaba en la pieza de mujeres con nosotras, y de Washington Cid, también su compañera, María Isabel Ortega, estaba en ese momento en la pieza con nosotras. Y como nosotras con la Nelly éramos mayores que la edad de la gente que caía, que eran jovencitas, 20 años, nosotras éramos mayores, entonces tenían ellas y además nosotras una actitud así como de apoyar, de cuidar. En esa situación nos cuenta María Isabel Ortega que ella está embarazada y que no alcanzó a avisarle a su compañero. Entonces ahí uno intenta, qué sé yo, que se comuniquen, y sepa. Bueno, Washington está desaparecido, ella no; su hijo se recibió hace un par de años de abogado, estuvo afuera también un tiempo, pero regresó.
La agresividad, el hecho de que en las noches vinieran a patear la puerta a despertarnos a las que lográbamos dormir un poco. Suspender el sueño en forma reiterada es una tortura. Eso te crea una inestabilidad bastante grande. No teníamos acceso e ir al baño cuando queríamos, nos llevaban en grupo, los guardias manoseándonos constantemente, diciéndonos groserías, permaneciendo ahí en el lugar en el baño, porque era todo abierto; y también veíamos cómo llevaban a los hombres. A nosotras nos llevaban en grupo, en una fila india, tomadas de la parte del hombro; pero los hombres pasaban engrillados, nosotros lográbamos verlos por cierto agujeritos de la ventana y veíamos pasar a los hombres en pésimas condiciones.
Todo eso era estar en constante alerta. Había que estar atenta, por lo que podía venir, digamos. Así permanecimos hasta el 26 de diciembre del ‘74, en que nos sacan de la Villa a un grupo, pero uno en ese momento sin saber a donde va; nos hacen un simulacro de fusilamiento incluso antes de sacarnos. Uno cree que todo puede pasar, entonces.... eso ocurre allí también. Los excesos de estos guardias, a pesar de que como te decía antes eran a su vez vigilados por gente de grado, digamos, del ejército o de donde fueran; eran realmente lumpen... a veces, los domingos, las fiestas, nosotros pasamos navidad- se producían excesos: se emborrachaban, podían llegar curados, violar, en fin; todo eso vivimos permaneciendo allí. Incluso después que nosotros salimos, en víspera de año nuevo, se produce un desbande entran, violan a las mujeres, hasta una compañera que tenía ocho meses de embarazo... fue atroz. Desde ese hecho hubo un cambio en el sentido de que... por ejemplo en el tiempo que yo estoy, la comida era escasa, llevaban algo y eran desperdicios; me acuerdo que eran sopas, de restos de empanadas, con los cuescos de la aceitunas... y eso era lo que comíamos de vez en cuando; nos llevaban un café en una jarra de lata, y estaba hirviendo, nos quemábamos las manos, y teníamos que beberlo ahí delante de ellos en un tiempo determinado quemándonos enteras, o sea que no era ni siquiera agradable que nos lo dieran. Esa forma habría cambiado posteriormente en que llevaron comida, incluso después los sacan al patio, donde está el ombú grande, y podían comer ya en forma... o sea, comida más o menos normal. Pero en esa oportunidad era así.
Después nos llevan a Cuatro Álamos, que también era un lugar secreto. Todavía los familiares no tenían conocimiento de donde estaba uno, y era un poco para recuperar a la gente de todas las torturas y marcas que pudieran llevar de las torturas que había pasado. Después, el 3 de enero del ’75 es cuando me llevan... que también hacen otro simulacro de fusilamiento... porque siempre la finalidad era de asustar, de amedrentar y de no saber qué iban a hacer contigo. Y… llegamos a Tres Álamos, donde permanezco hasta septiembre de 1976, es decir en todo esto estuve casi dos años. Eso es más o menos el recorrido que me toca hacer a mí junto con muchas otras compañeras.
ENTREVISTADORA : ¿cuándo empezaste tú a trabajar, a la vuelta, en la Villa?
CLARA : fue siempre, podría decir que fue siempre. Porque el hecho de ser testigo de desaparecidos, nosotros ya estando detenidas en Tres Álamos hicimos las denuncias. Y para simular esto también lo hacían en tribunales; una vez desde Tres Álamos a mí me sacan a testificar; me llevan por supuesto sin decir donde iba, me encierran en una jaula allí en el tribunal, ahí me interrogan y después me vuelven a llevar; lo que uno declaraba, por supuesto que el tipo ponía lo que ellos querían y uno firmaba... estando detenida hice eso.
Lo que quería decir, es que cuando estoy en Tres Álamos -esto yo creo que es de la parte anterior, pero creo que es importante- a mí me van a buscar en marzo del ’75, cuando yo ya estaba en libre plática, veía a mis familiares, había tenido visitas... no era habitual, pero como iba cayendo gente que seguramente creían que estaban conectados con uno, la sacaban. A mí me va a buscar el Marcelo Moren Brito, nuevamente, sin venda lo reconozco de nuevo, y Basclay Zapata, que fue uno de mis torturadores pero que no lo había visto en forma directa. Ellos lo que intentan es sacarme para la Villa Grimaldi de nuevo, pero también habían llamado antes a la Ángeles Álvarez, nos conociamos antes de caer detenidas. Como necesitaban información rápida, Conrado Pacheco le facilita a la DINA su oficina de la comandancia, y allí llegan estos borrachos, con mucha agresividad... golpes, insultos, amenazas de que me van a llevar y que ya no sé si voy a volver de allá y me interrogan; y yo le digo que no sé nada de la gente que me estaban preguntando, qué sé yo; ahí se produce todo este interrogatorio, violento, pero no me llevan a la Villa, sino que lo hacen ahí en la comandancia. Yo estaba sola, porque primero habían sacado a Ángeles y después a mí.
Después cuando me careo con Conrado Pacheco, cuando ocurre el juicio de Chanfreau, que lo llevaba la jueza Olivares, ahí me careo con él, y lo que digo y afirmo en todas las declaraciones que yo hago, digo la conexión que había de carabineros con la DINA, porque facilitaban eso, además nosotros teníamos una experiencia anterior, que en un grupo de gente -entre ellos Marisa y yo, y no sé que otras más- nos llevan a enfermería, y desde enfermería de Tres Álamos vemos un tremendo camión como de estos frigoríficos que llega, y se baja mucha gente en muy mal estado, con barba, sucios, desgreñados totales; los estamos viendo desde un piso hacia abajo, y cuando se dan cuenta de que estábamos viendo, nos sacan de allí a empujones, y nosotros luego pensamos que se trataba de gente que era trasladada, cuando los llevan al sur y los tiran al mar; suponemos era gente hoy desaparecida. En ese tiempo uno no sabía, es elaboración posterior. Incluso siempre pensábamos que podían ser detenidos que en algún momento los iban a dejar en libertad. Bueno, eso yo en las declaraciones me hacen afirmar que carabineros y la DINA tenían información; Pacheco también tienen información de los desaparecidos.
Desde que estoy detenida, empiezo a declarar por los desaparecidos de quienes yo soy testigo, que los vi, que compartí con ellos. Después de estar en el ’76 que salimos en libertad, nosotros dentro incluso de Tres Álamos hicimos informes muy completos de todos ellos, y teníamos toda la información, chequeábamos los torturadores, el tipo de tortura... pero además tratábamos de sacar información para Ginebra desde la cárcel también. Después que salimos en septiembre del ’76, nosotros estábamos gestionando visas para la gente que no tenía cupos para salir afuera porque la situación acá estaba muy mala, muy tensa, porque los que salían eran vueltos a tomar, los que no habían sido tomados supongamos por la FACH; salían y los tomaba la DINA o los mataban, en fin. Entonces la situación estaba muy mala, de manera que fue una decisión nuestra, a lo menos de las mujeres, de salir hacia fuera. Y ahí me voy con un grupo de cinco compañeras a Suecia, y permanecimos en Estocolmo. Ahí estuve un año y medio, estuve en París seis meses también, después vuelvo del exilio, y regreso en marzo del ’80. Apenas regreso en los ’80, tengo citación. Me acuerdo que fue con bastante temor, porque yo venía llegando recién, era por uno de los casos de los cuales yo había hecho la denuncia, y me acuerdo que me acompañó toda una delegación de familiares, para que no fuera sola la primera vez. Testifiqué y después desde los años ’80 p’adelante, constantemente, en todas las causas que se activaban, nosotros hemos participado. Y allí, viendo a otra gente, a los familiares, a los testigos o a los sobrevivientes, fuimos formando todo un grupo en que íbamos haciendo actividades de denuncia en esa época, y los años ’80 fueron muy duros, así que cuidándonos y todo pero también manifestando nuestro repudio a la dictadura de cómo estaba actuando en esos años.
Por ahí ya después pasan los ’80, el ’89... cuando ya vienen los gobiernos de la Concertación, me acuerdo que Laura Rodríguez, diputada que sale por La Reina, ella muy interesada, porque La Reina y Peñalolén iban juntos, entonces con ella y con la gente de la población en que está la Villa, nosotros nos comunicábamos, íbamos y visitábamos la Villa. Y en el momento en que los vecinos nos avisan que han llegado bulldoser y están echando abajo todo, nosotros acudimos a Laura Rodríguez, fuimos y detuvimos la... bueno, ya estaba demolida, pero por lo menos ingresamos, saltamos portones en esa época, y ahí fue muy impresionante. Hicimos un recorrido, encontramos pedacitos de... cosas que habían... significativas para nosotros.
Me acuerdo que nos vinimos cada uno con una piedrita de adentro y qué sé yo, y ahí empieza la lucha por lograr que la Villa fuera un sitio de memoria. Ahí empezamos todas ya a reunirnos, y ellos desde el gobierno, digamos, tratar de suspender la demolición hasta que se logra. Después nosotros, el ’95 debe haber sido, cuando ya se logra restituir y adquirir la Villa, el terreno, y después con proyectos creamos esto, participamos siempre. En los proyectos... yo me acuerdo que iba a las oficinas de los arquitectos, de otros compañeros que participaban, entonces habían distintas comisiones, y nosotros participábamos en eso. De manera que cuando se abre la Villa, se da inicio a la fundación, ahí también, nos inscribimos; las sucesivas directivas que hubo, siempre preocupadas de dar a conocer, bueno, también en los ’80 vino mucho extranjero, venía, se comunicaba con nosotros, el apoyo a las organizaciones no gubernamentales que nosotros con mis compañeras teníamos; y éramos apoyados primero por -como yo había estado en Estocolmo- por organizaciones de ayuda solidaria de Suecia, profesores de Suecia, después de Noruega, Alemania, Dinamarca; en fin, conocimos a mucha gente en ese período. Incluso nosotros con mi compañero, la ONG que teníamos funcionába con el apoyo de la Comunidad Económica Europea.
Entonces eso de conocer a tanto extranjero, hicimos proyectos con los trabajadores en esto; entonces teníamos un contacto en esa época muy directo con ellos, es gente muy solidaria, muy buena; y después, en tiempos digamos democráticos; venían y allí querían conocer la Villa, el Parque por la Paz. Ahí es cuando empiezo a hacer este recorrido contando. Es decir, uno como había permanecido en la Villa, conocía, y como habíamos colaborado en todo el proceso, sabíamos más o menos lo que se había querido expresar con el nuevo diseño que se le había dado a la Villa. Entonces, es notable, porque donde está la fuente de agua me acuerdo que el sacerdote Aldunate y Mariano Puga cuando abren el portón, hablan justamente en esa fuente de agua, y ese día corría agua de todos los surtidores, era muy bello. Allí, después en los recorridos que yo hacía, hacía resaltar aquello, donde había vida, donde había esto tan bonito... porque estaba rodeado también del ombú cerca, del jardín de las rosas, que se había querido restablecer, porque eso ya no estaba, pero se creó en el lugar que antes había cuando uno estaba ahí, por lo menos olía a rosas dentro de todo lo macabro que estábamos viviendo. Ahí en el lugar de atropellamiento de los compañeros, que padecían ese tipo de torturas.
Entonces todo ese recorrido, donde estaban las casas; como te decía, se organizaron tan bien, que después se crearon nuevas casas, las casas Corvi y las casas Chile, para tener un tipo de tortura que es terrible, donde dos o tres personas entran y no pueden a la vez estar de pie, ni las encuclilladas; y permanecer así días y días así, es un tormento grande. Entonces, todo eso por lo que había pasado, yo en este caso, que era la que guiaba, y conocer tan de cerca los casos de otras compañeras; uno relataba aquello y era muy impactante para estas delegaciones, porque la estaban viendo a uno, que era quien había permanecido allí; y se producía una comunicación, una energía, una confianza, un cariño... era una cosa muy potente lo que a mí me pasaba con estas delegaciones que venían. Así que yo encuentro que así como a mí me tocó tener experiencias con extranjeros, otros compañeros después hicieron visitas a colegios, a pobladores... grupitos que se interesan y que ellos van. Yo después también hice el recorrido a familiares míos, que han quedado muy impactados, que no son de Santiago y que no conocían esto; entonces como conocíamos a quienes eran cuidadores nos abrían y yo podía hacer ese recorrido con la gente. Esto prácticamente desde los ’90, porque la gente con la que yo trabajé directamente hasta el ’93 con estos suecos. Pero después venían, siempre, incluso de vacaciones venían al país, así que yo creo que en los ’90 lo hicimos; sobre todo después que está la Villa constituida, que es por ahí por el ’97, ahí ya está la Villa más establecida. Primero fue el trabajo y la colaboración en los diseños de la maqueta, los trámites; que fue tan engorroso y tanto que hubo entremedio. Pero a finales de los ’90 se hicieron más asiduas las visitas.
Ahora, en la Villa hacen estos actos... se crea un clima, incluso a mí me llamó la atención también después, la celebración de tipo religioso. Fíjate que los pobladores, junto con los sacerdotes -y Aldunate más constantemente- todos los años hacen un vía crucis en la Villa, yo lo encontré increíble, notable. Ahora encuentro que si realmente está involucrado el Ministerio de Educación...es muy importante, uno siempre esperó que sucediera. Yo pensaba que iniciados los gobiernos, altiro, la educación iba a incorporar tal y cual tema en DDHH; no fue así, nos hemos demorado, pero por lo menos ahora que se esté haciendo esto… si nuestro camino fue este, y sirve para que se difunda, lo conozcan, y no se olvide, es algo importante.
ENTREVISTADORA : ¿Qué podrías decir tú, al procesar toda tu vivencia y la experiencia que tienes de después, de la reacción de la gente y todo; qué sientes tú que estuviste presa y otras que estuvieron presas, qué tiene que dejar uno como legado para los jóvenes que no vivieron eso y que no pueden entender muchas cosas? ¿cómo lo hace uno para que no se queden en el horror de lo que fue si no que ellos puedan trabajar eso en forma interna y sacar algo de provecho para la vida?
CLARA : Uno generalmente, claro, cuenta esta parte que es como tú dices el horror. Pero yo te hacía una pequeña alusión: también olíamos las rosas. A pesar de todo uno veía el ombú ahí, y lo veía. Y con las 25 compañeras que estábamos en la misma situación, se va creando un vínculo que es pero fuerte, fuerte; una confianza en el otro, un cariño al otro... y que tú... yo creo que en los momentos de situación límite de la vida, creo que puede salir lo peor y lo mejor de uno. Y cuando sale lo mejor, sale una cosa increíble. Y lo que a nosotros nos quedó de todo esto, es mira... se dice ‘ah, pero el MIR, estuvo con las armas...’, oye, esto es una desproporción tan inmensa... Ejército, todas las Fuerzas Armadas en contra de un grupo que caía desarmado, que no se le hizo juicio; a mí en los dos años no me dijeron porqué estaba detenida. Y pasé todo lo que pasé y así pasaron... uf!, muchas personas; porque fueron muy pocos estos Consejos de Guerra que hacían, chamullentos también, pero a nosotros nada.
ENTREVISTADORA : entonces tú sientes que fueron tan conculcados los derechos humanos que trasmitir eso ya es importante ¿no?
CLARA : y además nos quedó claro a nosotros que, hicimos un compromiso: nosotros vivimos esto, y nosotros queremos que se establezca la verdad y que ojalá haya justicia; pero sabes respecto a la verdad,… nosotros en los testimonios que damos, siempre, sabes que jamás se le ocurrirá a uno arreglar la verdad, porque es tan terrible que uno queda corta siempre, siempre. Entonces de lo que se vivió, de los testigos, de lo que vimos, nuestro valor en lo que testificamos, es la verdad, es la experiencia de lo que vivimos. Y eso es lo que nosotros queremos que se establezca, nos hemos demorado, pero ha habido casos en que hay jueces que realmente han sido increíbles en todo esto, que han tomado como compromiso seguir estos juicios, y que han logrado que hayan estado detenidos a lo menos algunos de los torturadores. Eso es lo que nosotros queremos. Establecer la verdad, y por otro lado, te digo, es algo que para mi vida, y eso que yo ya había vivido harta vida cuando caí; que tenía experiencia. diría muy rica y muy buenas y en todas partes me acerqué a grupos humanos muy fuertes, te digo, esto de las compañeras sobre todo; porque nosotras como mujeres permanecimos como grupo juntas, y éramos trasladadas juntas, o sea que estos dos años permanecimos con un grupo grande, por más que caían y se iban, pero permanecimos mucha gente junta durante este período. Los hombres no, porque los cambiaban, los diseminaban por distintos campos de concentración.
Entonces este grupo es una cosa muy hermosa, muy fuerte. Otra familia tan importante como la natural, la biológica. Eso nos llevó, fíjate, en los años ’95, a nosotras -un grupo, porque no podíamos más- pero nos juntamos cinco compañeras que, como en ese tiempo todavía no teníamos ninguna pensión... ni siquiera éramos reconocidos como exonerados ni nada, y queríamos pasar la vejez cercana, juntas; nos unimos, juntamos una platita y nos compramos una pequeña parcela, que construimos y tendremos casitas individuales, y una casa común; y que hoy nos sirve también para unir a un grupo mucho mayor; porque hay cumpleaños que celebramos, por ejemplo el de Amalia, fuimos al campo y nos juntamos, qué sé yo, 60 personas, compañeras, y los 80 años de la Amalia fueron hermosos... o sea se crea un clima...
Son cosas que nos han unido mucho y que para esto de los jóvenes queremos transmitir, transmitir y que vean las dos partes, para que no ocurra nunca más aquello, lo que hicieron, saber la verdad, los crímenes que se conocieron; pero también la otra parte de vida, porque es más fuerte la vida también, y el hecho de ser sobrevivientes, y haber colaborado en lo poquito que cada uno podía; en crear este centro del Parque por la Paz, que sea un testimonio de lo que ocurrió allí, pero también un centro de reflexión, de amistad...